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Diario de una voluntaria en Katsikas (Grecia): días 7-10

En este pequeño diario nuestra compañera Eloísa, miembro de PAREM en Murcia, nos cuenta de primera mano su experiencia como voluntaria en tierras griegas.

7º-8º día (16/07/2016).

Quizás hoy no sea un buen día para escribir. O quizás sí. Estos últimos días son los que, tras finalizar la fase de adaptación, emoción y efusividad por los nuevos proyectos, llega la frustración y la desesperanza.

Tengo muy claro desde el primer día que esto no puede prolongarse, que no podemos permitirlo, que no podemos tener a miles de familias que por derecho universal (declaración de derechos humanos) tienen derecho a asilo y refugio como víctimas de guerra… lo tengo muy claro, pero hoy no puedo soportar la idea.

Tenemos la suerte de tener un pequeño equipo médico por unos días (otra médico, otra enfermera y tres estudiantes de medicina), por ello hoy echamos el día en el campo de los yazidíes (os recuerdo: 250 personas, niños prácticamente la mitad).
Cuando detrás de cada puerta de ese edificio abandonado (para los que sois de Murcia algo así como el centro del valle, donde se alojaron mucho tiempo familias gitanas), se abre una nueva situación familiar desamparada que en la mayoría de las ocasiones no ha recibido atención médica adecuada ni seguimiento si lo precisa… hace que el día nos absorba, que dediquemos nuestra mejor sonrisa para explicarles que aquí no podemos hacer mucho, mientras que nuestro corazón se va fragmentando y vamos tragando para no estallar. Hablo de la atención médica porque es de lo que yo me encargo, veo cada día, y por tanto de lo que puedo hablar.

Durante muchos años he confiado en que Médicos sin fronteras, ACNUR, con la que contribuyo, y Médicos del mundo velaban por estas personas. No puedo generalizar, y habrá muchos factores que se me escapen, pero lo cierto es que en el campo de Katsikas no se está velando adecuadamente por ellos. Hoy tras cada puerta nos vamos encontrando nuevas causas abandonadas que nadie ha asistido desde que llegaron a Grecia (ni un informe, ni una valoración): un niño con encefalopatía y rasgos de trastornos generalizados del desarrollo con autoagresividad (se lesiona), otro con retraso mental y déficit visual, dos hermanas con déficit de audición por agenesia de pabellón auricular (no tienen oreja, vaya), el joven con la amputación del que os hablé, los bebés que nacen día a día y se van tras el alta a sus tiendas de campaña (en un terreno de piedras o a esta casa abandonada y alejada de todo), los cientos de adultos con problemas de corazón/diabéticos/historia de accidente cerebrovascular previo no controlados que se quedaron sin medicación, sin que nadie la reponga, que tienen citas médicas perdidas o desconocidas porque la información no llega ni siquiera para aquellos en los que está en juego su vida… Y esto es de lo que yo me encargo, y los pocos segundos en los que me pongo en el lugar de estos papás, de estas personas, tengo que parar porque no podría parar de llorar.

Volviendo del campo veo a los niños de 6-7 años demasiado solos junto a la carretera nacional, otros tirando piedras a los perros… ¿qué tipo de sociedad estamos gestando encerrados en una alambrada, recibiendo miradas despectivas cuando a salen a pasear por el pueblo y negación de la atención en algunos locales?
Mientras, Ariel está con uno de los hombres, que le cuenta su particular viaje cuando el gobierno sirio los llamó por obligación a alistarse: “Yo no quería matar gente, no estaba dispuesto a ello. Seré un cobarde, pero no estaba dispuesto, así que emprendí este viaje pensando que Europa nos ayudaría. Y aquí estoy encerrado sin poder seguir ni volver, porque en mi país soy un desertor. Nosotros antes lo teníamos todo, como vosotros… están usando armas químicas y torturando a la gente” (tienen vídeos que yo he preferido no ver, sobre aquello sobre lo que no podemos ni escribir… en la guerra todo vale), ¿¿Quién no saldría huyendo si pudiera??

9º-10º día (17/07/2016).

Hoy os hablaré un poquito del funcionamiento del campo, para que sepáis de los proyectos y también de las deficiencias.

Empezando por los pilares básicos, mucho os he hablado de la salud:
– Carpas médicas hasta las 1700 entre semana, el resto del tiempo (siendo totalmente dependientes en cuanto a movilidad) la salud depende de un médico militar que no tiene ni idea del historial de ninguno de ellos y que cuando surge una urgencia detectada por voluntarios apenas los explora o valora.
– Siguiendo por la nutrición, deficiente igualmente. Sí, tienen para comer, pero nutrición lo que se dice adecuada (ya que el gobierno griego la paga)… juzgad vosotros mismos: cuentan con desayuno, comida y cena. Desayuno: un zumo y un croissant (ok), comida y cena alternan: pasta/patatas/arroz. Y de ahí no salimos. Verduras cero. Fruta algunos días 1pieza en el desayuno. Carne uno o dos días a la semana. Y fin. ¿En un campo repleto de niños, embarazadas y adolescentes no sería más inteligente de cara a la salud, sin atender a razones humanitarias, tratar de hacerlo un poquito mejor?
– Duchas, baños y agua potable. Por suerte en este campo sí. En Filipiada no hay agua potable, se reparten a diario botellas de agua y estamos en Grecia, veranito, 30-35 grados, en haimas que parecen invernaderos… no digo más.

La gestión se realiza por voluntarios: Aire, Ligth house, Olvidados, Pangea y muchos independientes son los que mueven el campo. Todas las mañanas hay una reunión a las 9 para reparto de tareas, presentación de voluntarios y pautas generales para con los refugiados, y lo que haya por hablar.

– Hay proyectos en relación a la deficiente nutrición: *milky way: reparto semanal de leche para los que no lactan, pañales y toallitas para los bebés, *baby food: potitos/fruta para los niños.
– Clases de idiomas, sobre todo inglés, que suelen intercambiarse por clases de árabe.
– Escuela (madrassa) y guardería (para liberar a las mamis y para que puedan movilizarse de forma segura).
– Actividades de teatro (psicomotricidad, expresión corporal y relajaciones) y proyecciones de cine a días alternos para cubrir el campo de Katsikas y donde se alojan los yazidíes.
– Gestión del almacén, que recibe ropa de diferentes puntos de Europa y también reparte a diferentes campos.
– La “tienda”: la ropa en buenas condiciones se ordena por sexo/edad y talla y a diario diferentes familias van a coger varias prendas estipuladas por persona.
-Grupos de construcción que se encargan tanto de proyectos en el campo y adecuar el alojamiento de los yazidíes como de obras en otros campos cercanos.
– Acompañamiento en hospitales velando por la información a la familia y la cobertura de sus necesidades durante la estancia por una única trabajadora social (difícil de cubrir).
– Detección de necesidades médicas en el campo y de enfermos no detectados/no tratados, seguimiento de crónicos, gestión de citas/pruebas y acompañamiento a hospitales donde toca luchar por un trato normal en muchos casos (en cuanto a información, acompañamiento…), por una única enfermera la mayoría del tiempo (muy difícil de cubrir).
– Gestión de residuos: limpieza de espacios comunes, reparto de bolsas de basura a las familias.
– Biblioteca con libros en diferentes idiomas.
– Acondicionamiento de haimas con productos necesarios para hacer la vida algo más sostenible: un ventilador por tienda y teteras eléctricas para calentar té.
– Coordinación general del campo .
**Proyectos pendientes: espacio para mujeres, espacio para hombres, proyectos psicosociales, educación universitaria a distancia.

Como veis las intenciones y proyectos sociales no remunerados son muchos, los oficiales/gubernamentales bien pocos. Y no es que no los haya, porque ya existen, sino que muchos voluntarios llegaron al campo y no son capaces de marcharse porque los derechos humanos aún están mínimamente representados.

Se lee muy bonito y humano, trabajamos con la mejor de nuestras sonrisas para darles un poquito de dignidad… pero lo cierto es que lo que realmente necesitan no se lo podemos dar: una vida de verdad, un futuro para sus hijos… un proyecto de vida, esa vida que en segundos perdieron y de la que en parte somos culpables como hemisferio norte, unos por venta de armas y otros por intereses directos.

A diario tratan de salir del campo para no colapsar, para no sentirse encerrados. Siendo objetiva, echo en falta la presencia de más actividades y roles desempeñados por los refugiados en cuanto al funcionamiento y gestión del día a día del campo, aunque lo cierto es que ni eso ponen fácil. En Katsikas hubo un proyecto muy bonito de cocina, con un horno donde los propios refugiados (ex panaderos) cocían su propio pan, pero que los militares cerraron aludiendo a cuestiones de salubridad… Actualmente nos ayudan en todo lo que pueden ya sea como traductores aquellos que saben inglés (aunque muchas veces los tengamos sobrepasados y funcionando a todas horas), con el equipo de constructores, el almacén o las actividades al aire libre. Otros muchos nos acompañan cuando pueden, y otros días necesitan hablar, salir, o quedarse tumbados porque psicológicamente muchos estan derrumbados, deprimidos, sobrepasados…

¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo vamos a estar esperando? ¿Hasta verlos reventar? No existe aceptación posible de una situación como ésta.

[*Fotos del campo de Filipiada, aproximadamente a 1h de Katsikas, donde mi pareja estuvo con el equipo de constructores. Campo más virgen con muchos déficits todavía, principalmente el agua potable y la salud ]

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