Go to Top

La vuelta al cole en Atenas

Nuestra amiga Nerea, de Molina de Segura, comparte con nosotros algunas reflexiones sobre su estancia en Grecia. Nerea es psicóloga y estudiante de máster de cooperación internacional y desarrollo. Este verano decidió hacer algo por cambiar la situación y trabajó como voluntaria durante una semana en un colegio ocupado por refugiados en Atenas.

Parece que los movimientos migratorios no tienen vacaciones de verano, mucho menos si eres un refugiado y ese descanso tiene que dártelo la guerra, y muchísimo menos si eres un niño y tienes que volver a un cole que explotó. Para ese niño la vuelta al cole ha significado tener de nuevo cuatro paredes en las que vivir. Ahora el cole es su casa: su habitación es una de las aulas, ya no tiene cocina ni salón, pero en el patio puede sentarse a comer con sus amigos y escuchar la radio largo y tendido.

4
Conozco a gente de Siria y Afganistán; me gusta decir que cada persona es un mundo pero, aquí, cada persona parece un universo distinto, me queda a años luz la décima parte de las experiencias que estas personas han vivido. En Atenas, hay muchas infraestructuras ocupadas por refugiados, ya sean antiguos hospitales, hoteles o escuelas. Algunos de estos squats han sido abiertos por el Sindicato del Partido Comunista Griego. Hay unos que funcionan mejor y otros que funcionan peor; teniendo en cuenta que pueden llegar a albergar alrededor de 400 personas, suena comprensible que la coordinación y organización sean arduas tareas. Tareas que se llevan a cabo por todos los integrantes de forma horizontal o bien, por los líderes del squat. Estas organizaciones reciben donaciones de medicamentos, productos de higiene, ropa, comida… por parte de ONGs, sin las que el abastecimiento sería imposible. Yo me he puesto en contacto con VoluntArt , un colectivo compuesto por distintos activistas que colabora con diferentes okupas para mejorar su situación dentro de sus posibilidades.

El día a día que yo vivo como voluntaria en el cole Jasmine comienza con el desayuno que preparamos para los niños y las mujeres embarazadas a las 10h. Solemos repartir zumo, pan, queso, cacahuetes y chocolate. La idea es promover una rutina que los acerque a la normalización de su situación extraordinaria, también facilitará su re-escolarización. Primero, han de lavarse las manos, toman el desayuno y luego se lavan los dientes. A las 11h, organizamos un taller de manualidades en el espacio que hemos habilitado en el patio del cole para el desayuno y este tipo de actividades. Abarcamos desde colorear fichas, para trabajar la motricidad fina, hasta componer puzles, para potenciar la atención y concentración. La siguiente hora está enfocada a aprender inglés, una de nuestras compañeras es una excelente maestra bilingüe que se emplea a fondo en esta labor, consiguiendo la implicación de hasta los niños menos interesados.

1
A la tarde, me dirijo al hotel Oniro, un hotel que ostentaría dos estrellas antes de ser abandonado, con la función que cumple ahora, yo le daría seis. Como este edificio no cuenta con la ventaja de tener grandes espacios abiertos, a las 16h recogemos a los niños para realizar actividades deportivas en un inmenso parque que no queda muy lejos. Ahí pasamos dos horas entre columpios y toboganes, los niños queman toda esa energía que los caracteriza. Una problemática muy común a la que enfrentas al trabajar con ellos es la agresividad. Personalmente, podría achacarlo a mil factores: causas culturales, estrés postraumático, adaptación al medio, carencia de una gestión de emociones adecuada… Lo que resulta indignante es que no tengan acceso a asistencia psicológica. Como psicóloga, llegué a Atenas pretendiendo llevar a cabo un programa de respuesta inmediata: se trata de una secuencia de pasos, que idealmente se llevaría a cabo en sesiones dirigidas por un psicólogo, para la resolución de conflictos que, sin ser escrupulosos y de forma general, podría ser también una guía para la adaptación a situaciones desfavorables. Esa era mi idea hasta que aterricé en la realidad, cuando me di cuenta de que era un proyecto inabarcable debido a mi limitación temporal, la cantidad de personas a tratar, sus circunstancias generales y su condición personal.

2
A las 20h ya estoy de vuelta en el cole para participar en las reuniones de la Comisión Morada: una cita semanal con todas las mujeres que quieran unirse al grupo para compartir una velada sólo para nosotras, donde sincerarnos, apoyarnos las unas a las otras y sentirnos libres para cantar o bailar. Esta comisión me resultó la más humana, la que más ayudaba en cierta forma. El machismo está presente en cualquier cultura, pero en la musulmana tiene un protagonismo impactante. Las mujeres acudíamos a sentirnos un poco más cerca las unas de las otras, se quitaban el pañuelo aquellas que cubrían sus cabezas, hablábamos en español-inglés-árabe o con las manos, compartíamos sentimientos, pensamientos y experiencias, bailamos música árabe y “La Macarena”, intentamos llevar a cabo ejercicios cuyo objetivo fuese el empoderamiento femenino. La diferencia en cuanto a sus derechos (hombres – mujeres) es abismal y, traducida a la cotidianidad, se manifiesta de forma que los hombres se sientan al sol en el patio o salen a la plaza del barrio a socializar unos con otros, mientras que las mujeres se quedan en sus “habitaciones” y cuidan de sus niños.

3
La vida en los squats de Atenas es un no parar, desde trámites de asilo eternos hasta ataques fascistas. El camino que estas personas llevan grabado en su cuerpo entero comienza, pongamos como ejemplo el caso de mi amiga Somaya, en una ciudad siria, a cinco horas de trayecto a pie de la frontera con Turquía. Cinco horas que se convierten en diez si la policía te caza en el paso fronterizo y te devuelve a la guerra, hecho que, en este caso, se repitió nueve veces, hasta que a la décima fue la vencida. La siguiente etapa va desde esa frontera hasta nuestro mar, el Mediterráneo, donde Somaya tuvo que pagar por poner en riesgo su vida y cruzar en un bote a Lesbos. Lo que le esperaba allí era lo que había escuchado pero se había negado a creer: un “recinto” un poco más cómodo que una cárcel, donde vivió tres meses esperando a que le concediesen el traslado a Atenas. Una vez en la capital, donde sólo tiene permiso para “vivir”, y con esto quiero decir que es ilegal que busque un trabajo con el que sustentar a su familia, por lo que su única opción es ocupar un espacio deshabitado y recurrir a donaciones; se refugia en el cole que se convierte en su casa por más de medio año, a la espera de que algún gobierno europeo haga el esfuerzo de aceptar su petición de asilo por huir de la guerra que se ha cobrado la vida de 470.000 personas. Estaría bien mencionar que Somaya ha huido con sus dos hijos y su marido, además de sus dos hermanas, acompañadas también por sus respectivos maridos y prole; me explica que todavía tiene otra hermana en Siria, que ella no tiene tanta suerte porque es pobre.
6
Oímos en las noticias el drama que sirios están viviendo, pero no hablan ni de la mitad: omiten a afganos, iraníes e iraquíes, entre otros tantos, porque a muchos de esos, Europa los deporta conforme cruzan nuestras fronteras. Y repiten que el drama es suyo… El drama no es suyo, el drama es nuestro por ser partícipes de lo que está pasando porque tú y yo sostenemos un gobierno inhumano que se ha vuelto indiferente a cifras de muertes, que sólo reacciona cuando el ataque va dirigido a países “de primera”, porque están cerca y eso nos da miedo, nos da miedo vivir lo mismo que esas víctimas a las que, paradójicamente, somos nosotros los que sentenciamos. Está muy bien ir a aportar tu granito de arena allá donde estén pero se consigue mucho más si protestas a tu gobierno, si luchas para que tu país no apoye guerras por intereses económicos, para que acoja a refugiados y les devuelva un poco de dignidad a sus vidas, al mismo tiempo que nosotros, como nación, recuperemos un poquito de la nuestra. No mantener presente nuestro pasado y hacer trizas nuestra memoria histórica nos lleva de cabeza a tropezar dos veces con la misma piedra, porque si tus abuelos o bisabuelos no fueron refugiados, puede ser que esa “suerte” caiga en manos de tus nietos o bisnietos. Esta crisis se condenará en los libros de historia como una aberración comparable al Holocausto Nazi y yo me avergonzaré por haber sido parte de ello.

Nerea Martínez Muelas.

VIDEO INTRODUCTORIO:

  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 6
, , , , , ,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *