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Diario de una voluntaria en Katsikas (Grecia): días 1,2,3

En este pequeño diario nuestra compañera Eloísa, miembro de PAREM en Murcia, nos cuenta de primera mano su experiencia como voluntaria en tierras griegas.

Día 0 (09/07/16): Llegada a Ioannina.

0Este primer día en el que aún no conocimos nada, se lo quiero dedicar a la gente buena.

Al pueblo por el pueblo, a la gente que se preocupa, cuida y trata de aportar su granito de arena por los refugiados.

Ella se llama Olimpia y es la mujer que nos alquila el piso donde nos alojamos. Lo encontramos por airbnb y, casualidades de la vida, ella es voluntaria en el campo en su tiempo libre desde el primer día.

Olimpia es profesora de universidad, y el día que trasladaron a los refugiados a Katsikas camp, cogió el coche con una amiga y fue para allá. Allí encontró a tres chicas españolas solas (Olga y Berta de Olvidados, María de Aire) y ellas cinco se pusieron manos a la obra a disposición de los mil refugiados que inicialmente había en el campo militar de Katsikas.

Olimpia tiene una lista en la nevera del piso. Son los refugiados que ha ido invitando a tomar un café, a desconectar de esa “vida sin vida”, a tomar una ducha de agua caliente y en definitiva a ser parte de algo y ser algo para alguien más allá de ese rincón donde los dejamos apartados.

Sin embargo, además de Olimpia, en Grecia pisa fuerte la extrema derecha (“Amanecer Dorado”) y otros muchos no miran con buenos ojos a los inmigrantes de los campos.

Esto que os digo es literal, y por mi primera vez en mi vida me siento discriminada cuando camino con mi marido por la calle, que aunque es dominicano, aquí piensan que es árabe por su piel morena, y despierta y despertamos continuamente miradas, malas caras, y ausencia de contestación a los saludos cuando alguien se nos queda mirando fijamente.

[*FOTOS 1,2,4: Lista de refugiados que han venido a compartir un rato a casa de Olimpia. La edad junto al nombre de cada persona.]

Día 1 (10/07/2016): 1ºdía en el campo de Katsikas

Nosotros vamos desde Ioannina en autobús al pueblo de Katsikas y desde ahí andamos durante 15-20 min hasta el campo. A lo largo de todo el camino se van uniendo voluntarios (españoles la gran mayoría en este campo) y los que alquilaron coche van remolcando gente por todo el camino.

Desde la entrada se leen los mensajes con las mismas pintadas que adornan las paredes de toda la ciudad de Ioannina (No borders, Stop deportations,…), pero las buenas intenciones y los mensajes de aliento no hacen menos inhóspito el lugar que nos vamos encontrando frente a nuestros ojos.

Ioannina es una ciudad preciosa que cuenta con una muralla y un castillo medieval, así como un lago kilométrico y una preciosa cadena montañosa que la abraza. Olimpia me comentó que el ayuntamiento cuenta con muchas viviendas vacías, desocupadas y de dominio municipal, pero que no quieren ponerlas a disposición de los “refugiados”.

Frente a nosotros, bajo un calor que empieza a anunciarse ya a las 08.30 de la mañana, va apareciendo un auténtico secarral vallado con alambrada de metal y que contiene las tiendas que Acnur puso a disposición de los inmigrantes.

El puesto de militares se encuentra en la entrada, pero salvo los médicos que trabajan las 24horas, los residentes del campo no despiertan demasiado interés en ellos ni se ocupan de otra cosa más que de repartir la comida diaria para cada Haima/familia que carece de fruta/verdura, y que se acompaña de un pan que se acumula a diario en la basura.

Quiero contar demasiado.

Lo único bonito es el ambiente que se respira. Aunque hay algunos asiduos que llevan meses como voluntarios, el verano va moviendo numerosas caras que cada semana van renovando y llenado de risa y energía un campo en el que no pasan los días para los residentes. Todas las mañanas los voluntarios se reúnen a las 09.00 en asamblea para organizar las actividades en marcha. En esta asamblea participan Olvidados, Aire, Pangea y los voluntarios independientes. Ligth house relief también se siente en el campo con sus proyectos y voluntarios. MSF se encargó hace unos días de la campaña de vacunación. Pero lo cierto es que MSF, Médicos Mundi y Acnur no partcipan en el funcionamiento diario del campo ni velan por los individuos en circustancias que surgen día tras día, sino que son los voluntarios independientes o registrados con las asociaciones que comenté anteriormente las que se encargan.

El primer día participé en las actividades de limpieza y en el almacén general donde llega ropa desde España y otros países de Europa, y en el que cada día un grupo de voluntarios se ocupa de revisar lo recibido, organizarlo y proporcionar al campo lo necesario en el momento actual (todo promovido por los voluntarios y ONGs participantes en la asamblea). Durante las actividades de limpieza y promoción de gestión adecuada de residuos, pude ser testigo de cómo desde el minuto cero en que uno pisa el campo y se acerca a una haima o a uno de ellos, la humanidad se eleva sobre nuestras cabezas y lo poco que tienen lo ponen una y otra vez a nuestra disposición. Ya lo viví el pasado Diciembre en Calais, pero la hospitalidad y la solidaridad del pueblo Sirio y de otros muchos pueblos árabes no deja de sorprenderme y maravillarme una y otra vez. Unas galletas, un zumo por persona, y se ofenden realmente si te empeñas en no aceptarlo. Su hospitalidad y lo poco que tienen es lo único que pueden darte, y a pesar de lo que Europa les demuestra, les quita y les maltrata día a día, ellos se empeñan en darnos una y otra vez.

[*FOTOS: -3, 5, 6, 7: campo de Katsikas / -8 y 9: Nijab y Celine. Residente siria y voluntaria francesa. Nos invitó a un café para charlar durante las actividades de limpieza. Salió hace 3 años de Siria y vivía con su familia en Turquía donde su marido y su hija tenían trabajo. Decidieron venir a Europa porque sus hijos mayores viven en Francia y Alemania. Dejaron todo para ahora vivir así (nos dice con los ojos empañados en lágrimas).]

Día 2 (11/07/2016): 2ºdía en el campo. Día permitido para contar lo que no querríamos contar.

7La verdad que aunque somos recién llegados, los días son tan intensos que parece que hace mucho más que llegamos.

Los voluntarios pasan el día en el campo con horario oficial de trabajo de 9-13 y de 16/17 a 19h. El resto del tiempo se comparte mucho con los residentes del campo, que demuestran sus nociones de inglés (aprendido por necesidad) y de español (por cortesía).

Hoy voy a hablar de algunas cosas feas, pero son cosas que hay que contar. Como os conté, mi pareja y yo vivimos día a día las miradas de rechazo y desconfianza. Hoy en el supermercado incluso nos siguieron por si robábamos, y poco después fui testigo de cómo varias familias del campo sufrían las mismas miradas y persecuciones, aunque contaban con dinero para comprar la fruta y verdura fresca que brilla por su ausencia en la comida oficial del ejército.

No sólo eso, sino que en el pueblo hay algunos locales que niegan la atención a ciudadanos sirios aunque vayan bien vestidos y aseados, y ellos nos lo cuentan sorprendidos a la par que indignados y nos preguntan “¿Por qué? ¿Qué hemos hecho?” Pero menos mal, y jamás pensé que diría esto, que están los niños. Ojalá que ningún niño tuviera que vivir en estas condiciones, mejor dicho cómo podemos consentir día a día en Europa esto. El caso, que me voy por las ramas de la indignación, es que los niños, como siempre, tienen esa maravillosa sonrisa en sus rostros. Se les oye chillar y correr a todas horas, se tiran a los brazos de los voluntarios y desde los más pequeñitos hasta los más mayores nos hablan en inglés y chapotean en español. Los niños, los bebés (hay muchos bebés), son lo único que da dinamismo a la vida eclipsada en esta burbuja de arena, es lo único que demuestra que la vida sigue y los días siguen pasando.

Niños, que aunque de aspecto saludable en su gran mayoría, tienen como en toda población enfermedades que precisan atención especializada (hay un niño con una metabolopatía, fenilcetonuria, cuya alimentación debe ser restringida en ciertas proteínas y que por supuesto a pesar de contar con un informe médico, a la madre de forma oficial gubernamental no se le asegura…). Antes de abandonar hoy el campo nos pasamos a visitar a Nayab. Madre de familia que está sola en el campo. Sus hijos viven y trabajan en diferentes países europeos (profesores de idiomas, abogados). Tenía posibilidades para darles un buen futuro, y ahora está sentada conmigo en el suelo cubierto de polvo de su haima (una tienda de Acnur), rodeada de moscas, ofreciéndome un zumo de naranja y unas galletas María, mientras espera confiada en que pronto la reubiquen en Suecia con uno de sus hijos. Su padre murió hace unas semanas en Siria, hace demasiado que no se veían. Su madre sigue allí aunque muy enferma. Por último, de fondo de pantalla del móvil, el hijo que perdió hace cuatro años en Siria. Y yo en ese momento pienso en todas las madres con las que trabajo a diario, en todas las madres que han tenido la desgracia de perder a un hijo, y pienso en las pocas razones que deben quedarle a esta mujer para levantarse cada día. Jamás se lo diré, pero aunque ella confía en que en una semana la reubiquen en Suecia tras los registros que van a iniciarse en Grecia, yo en el fondo se, que probablemente quede demasiado para que pueda salir de allí.

[*FOTOS: – 10: Bebé en la tienda de distribución de ropa (permiso paterno para la foto) – 11: Nayab y yo.]

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6 Responses to "Diario de una voluntaria en Katsikas (Grecia): días 1,2,3"

  • Waldo
    13 julio, 2016 - 12:52 pm Reply

    Personas como vosotros es lo que necesita este país, ánimo y CONTAGIARNOS DE ESE ESPÍRITU TAN BENEFICIOSO

  • Fátima
    13 julio, 2016 - 1:56 pm Reply

    No me puedo imaginar todo lo que están pasando y me indigna que lo perjuicios que redactas también. No entiendo cómo no tienen más empatía con los refugiados.
    Menos mal que lo escribes por aquí, esto no lo cuentan en ningún medio de información. Y creo que se debería saber más.

  • Choni López Vucente
    13 julio, 2016 - 3:25 pm Reply

    Qué se puede hacer desde aquí para poder sacar personas que están ahí. Quien tiene que dar el permiso; España? el país donde se encuentran? Por favor, si lo sabéis decidimos cual es el camino para ayudar. Me niego a que sólo sea el dinero (dobatuvo) .Tiene que haber alguna manera de sacarlos de ahí.

  • Ana Marin
    13 julio, 2016 - 4:17 pm Reply

    Eloisa!!! Qué gran corazón tienes. Me alegra que puedas estar aprendiendo tanto de esta experiencia y me alegro por toda la gente que podrá disfrutar de ti. Sigue trabajando duro, viviendo y compartiendo cada momento con los que te seguimos y admiramos. Mucha fuerza desde Murcia!!!

  • Klara
    13 julio, 2016 - 10:25 pm Reply

    Gracias por compartir, y ayudarnos con tus palabras a viajar allá. Gracias

  • Ainara
    24 octubre, 2016 - 7:42 am Reply

    Me gustaría poder participar com voluntaria en el campo de refugiados de katsika, la verdad que nose por dónde empezar y con quién contactar para emprender este viaje. Me gustaría viajar allí desde el 24 de diciembre al 7 de enero. Voy sola y la verdad que mi inglés es muy reducido, es una de las cosas que me dan un poco de respeto a la hora de viajar sola. Alguien me podría hechar una mano?? . Estoy dispuesya a ayudar en todo lo que se necesite. Un saludo y muchas gracias .

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